24 febrero, 2011

Mis libros.

Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales 
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan estan en esas hojas
que no sabes quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.
Jorge Luis Borges

(Esto no hay que tenerlo en cuenta)



Hay libros que son personas y hay personas que son libros.
Así de simple.


Uno de mis libros siempre será Harry Potter. Y otro, Nana Bunilda.
Luego encontramos a Lorca y a Márquez, pero eso son otros jardines.
Recuerdo que cuando era pequeña mi madre me leía "Rosita Caramelo" y "Los Tres Bandidos".

¿Si tú lees, ellos leen?

02 febrero, 2011

Texto "Der Himmel über Berlín"

"Momentos como estos, como este, serán un buen recuerdo dentro de diez años. 
El tiempo lo cura todo. Pero ¿qué pasa si es el tiempo la enfermedad? 
Aunque a veces tengamos que agacharnos para vivir. Para sobrevivir.
Un vistazo es suficiente.
Echaré de menos el circo.
Tiene gracia, no siento nada. ¿Es el final? 
No siento nada.
Tengo que acostumbrarme a tener remordimientos cuando me siento mal.
Como si el dolor no tuviera pasado.
Siempre se acaba justo cuando empezaba a ser agradable y verdadero.
Por fin fuera. En la ciudad.
¿Quién soy?¿En quién me he convertido?
La mayor parte del tiempo estoy demasiado preocupada en estar triste. 

27 enero, 2011

Acápite I: Aún no hay Hemingway.

Había una vez, no hace mucho tiempo, un poeta que tenía los ojos tristes y cinco botecitos de té traídos del desierto.
El primero guardaba semillas de amapola para decorar bizcochos.
El segundo escondía un papelito doblado en el que alguien, alguna vez, dibujó una incógnita.
El tercero, el botecito de té de cereza japonesa (2 minutos de cocción), estaba vacío.
El cuarto contenía la fórmula de la telepatía y tres bolitas de anís.
Y el quinto, el más nuevecito, estaba lleno de té pakistaní, para tomar sin leche.
                                    
Ahora se ha subido a su camello y va pisando adoquines, camino de Damasco. 
A lo lejos, no se muy bien dónde, también se pone el sol.
   

 
Curiosa y rara -dicen- es la cabeza de un humano cosmopolita.

12 enero, 2011

Como jode la gente.

En todos los lugares, encontramos de todo.
(Y todo tipo de personas, aunque no queramos creerlo)

"Primer punto:
Ese texto no es mío, señorito
Segundo punto:
Debes pintarme un cuento, una letra y una palabra, amasarlas lenta, suave, y dulcemente hasta conseguir la pasta con la que se hacen los sueños. Una vez llegados a este punto, unas pinceladas de piel y sudor no le vendrían mal... aunque siempre se puede dejar un punto y final escrito en el siguiente párrafo, para seguir pintando.
Así quiero que sea mi cuadro"

Es mi blog y en él escribo lo que me da A MÍ la gana.

30 diciembre, 2010

Microscopizando.

¿Alguna vez alguien se habrá parado a observar al microscopio una lágrima?
Lo más seguro es que sí, hay gente friki para todo.

La Navidad que mis padres me regalaron el microscopio me dediqué a pegar mi ojo astígmata a un pequeño universo de pelo, de cebolla, de trocitos machacados de un grano de café, de piel, hojas de té, fibras de plátano... incluso mi hermana y yo jugábamos a echarle un vistazo a algún que otro moco.
Recuerdo, además, que la lamparita venía rota y el espejo desenganchado (pero yo soy una chica muy "apañá" y lo arreglé sin que nadie se diera cuenta).
Lo que no sé es por qué nunca nos dio por atrapar una lágrima.

Realmente una lágrima, en toda su esencia, es difícil de observar.
Porque una lágrima no es un poquito de agua con sal, ni es tan secilla de capturar: no basta con tocarla con la yema de los dedos y no sirven redes, ni tubos de ensayo, ni siquiera un bastoncillo de algodón.
Las lágrimas se pierden y desaparecen y abren senderos invisibles en nuestra piel. Piel que mucho después las recuerda, con un ligero saborcillo a sal.

Entonces... ¿qué es una lágrima?
Yo creo que es un pedacito de magia o un diminuto sentimiento que no sabía donde colocarse en el borde de un ojo.
Yo creo que es agua decorada de impotencia o de alegría o, a lo mejor, el aderezo de la nostalgia.
Quién sabe, cada uno opinará una cosa.





A lo mejor, si alguien atrapara una lágrima y la examinara al microscopio descubriría que sí, que somos un poquito humanos.

Alegría visual

Si te quedaste con ganas...