31 enero, 2012

La princesa y el enano.

"Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos..... Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento.

Bravo, Bravo, decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano,contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. "Sigue saltando, por favor" dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos.....

Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es feliz aquí" pensaba el enano. "Yo la cuidaré y la haré reír siempre". El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que
lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.

"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. "Ya no bailará más para vos, princesa" le dijo. "¿Por qué?" preguntó la princesa. "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón". 

Oscar Wilde

28 enero, 2012

He muerto y he resucitado.

El mundo me come, me absorbe y a parte a mí no me apetecía demasiado escribir.
Pero he resucitado.



Te doy miedo.
No sabes si mantenerme la mirada o alejarla silenciosamente cuando nos cruzamos por los pasillos.
Te doy miedo de tal forma que quieres ser viento, para que no pueda agarrarte, tenerte conmigo.
Retrocedes cuando camino hacia tí, te pones tensa cuando me acerco y tu piel se eriza cuando me siento a tu lado, creando una especie de defensa para que no me atreva a tocarte.
Te doy miedo, pánico.
Te miro y no te sale la voz.
Te hablo y frunces los labios.
Te sueño y te despiertas.
Desapareces, huyes, te alejas.
Te doy miedo.

Pero lo mío es más fuerte.
Porque mi miedo es mucho más intenso que el tuyo, es penetrante, profundo.
Se me clava dentro.
Si imagino siquiera que estás cerca, me dan escalofríos.
No quiero olerte en el viento, ni descubrirte en los espejos.
No quiero acordarme de tí, ni leer un libro y que el protagonista tenga, si quiera, el color de tu pelo.
Si andas cerca, contengo la respiración y cierro los ojos y espero que no me veas.
Si me miras, tengo miedo.
Porque luego tiemblo.
Porque me da miedo.