13 abril, 2011

Luna de miel.

"Si te cansas de mí, se me revienta el alma"

Ella le miró, con los ojos llorosos y las mejillas ardiendo.
Él apretó los párpados. "No me mires así", pensó, "sólo quiero olvidarte".
- No quiero volver a verte - susurró ella - esto no da más de sí. Ya está, se terminó. Al final nos cansamos y el mundo estalló.
El aplastó su corazón contra las costillas, procurando que no se le escuchara temblar.
- No quiero volver a verte - repitió - duele. 
Agachó la cabeza y su interior se derrubó. Pero siguió entera.

Él no pudo soportarlo más. Se dió la vuelta y echó a correr.
Las lágrimas arrugadas en el suelo fue lo único que quedó de ellos dos.


04 abril, 2011

Suéñame.

"No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
”Yo soy el sol, los cielos, el amor.”
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra."
Pedro Salinas


Suéñame, escuché un día.
Pero los sueños, como sueños que son, se olvidan al abrir los párpados.
Porque empieza un nuevo día y el calor del metro y el ruido de la gente no son suficientes para que se queden ataditos a la pata de la cama.
Al levantarme, debería escribir los sueños.
La almohada es un buen aliado. Y mi edredón, que te acoge, calentito, y te hunde entre sus plumas.
Mi edredón te deja soñar. Tranquila, yo duermo.

Suéñame y no me olvides, ni siquiera al despertar.
Yo te seguiré soñando.